La publicación en la revista científica The New England Journal of Medicine  fue una de las primeras en relacionar este fármaco con la actual pandemia. En la actualidad, hay multitud de estudios científicos en el mundo que están evaluando este antiviral.

La Universidad Johns Hopkins lo considera como el fármaco clave en estos momentos para el tratamiento del coronavirus.

El 1 de mayo, la Agencia para los Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) emitió una «autorización de uso urgente» para el tratamiento de casos graves de COVID-19 con el antiviral Remdesivir. Y el 25 de junio, la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) recomendaba a la Comisión Europea su «autorización condicional» para estos pacientes.

¿Qué es Remdesivir?

Gilead Science ha hecho del Remdesivir uno de los fármacos que aparentemente, mejores resultados han dado para combatir casos moderados y graves de Covid-19. Creado inicialmente para el ébola, en 2013 no consiguió los resultados esperados, pero sí empezó a ser reconvertido como tratamiento para otros virus SARS anteriores. Remdesivir inhibe la ARN polimerasa viral y por lo tanto evita que el virus se multiplique por la replicación en las células infectadas y consigue que los pacientes en estado grave se recuperen una media de cuatro días antes de lo habitual.

Polémica

La polémica ya ha comenzado; la empresa de origen estadounidense ha establecido que la cuantía por la que se venderá una dosis de este medicamento a los gobiernos de los países desarrollados será de 390 dólares. Si el comprador es una empresa de sanidad privada, su precio cambia de 390 a 520 dólares. El tratamiento medio es de cinco días y seis dosis, por lo que para los países es una suma de 2.340 dólares por paciente (algo más de 2.000 euros) y para compañías privadas de 3.120 dólares.

Estados Unidos ha comprado prácticamente todas las existencias durante los próximos tres meses, sin dejar existencias disponibles para la mayoría del resto del mundo.

Eficacia

No todo es positivo. La autorización condicional de un medicamento significa que «se considera que satisface una necesidad médica no cubierta en la medida en que el beneficio para la salud pública de su inmediata disponibilidad es superior a la incertidumbre derivada de la limitación de los datos disponibles». Publicaciones estadounidenses ya han advertido que su contribución a la eficacia «sigue sin estar clara y con un perfil de efectos secundarios que puede no ser completamente benigno».