En el Proyecto «Vivir en tiempos de COVID-19» queremos dar voz a muchas de las personas que son protagonistas del día a día en esta pandemia. Por ello vamos a empezar a realizar entrevistas a profesionales de la salud de diferentes ámbitos y en múltiples formatos, que acerquen las impresiones y compartan la experiencia vivida durante estos últimos meses.

Mónica Arribas Moralejo es Enfermera, con más de 10 años de trayectoria profesional. Ha trabajado en el SUMMA 112 y actualmente realiza su labor en CIGNA SALUD, como inspectora sanitaria. Es también madre de dos hijos y amante del sol y la playa, a pesar de vivir en Fuenlabrada (Madrid). Ella, fue una más de esas profesionales que durante los primeros coletazos de la pandemia, allá por el mes de marzo, dada la necesidad de personal cualificado, decidió ofrecerse para trabajar en sus días libres en el Hospital de Fuenlabrada, labor que ha venido ejerciendo durante varios meses. Trabajaba de lunes a viernes en CIGNA y sábados y domingos en planta COVID-19.

  • Actualmente trabajas en la gestión sanitaria, con unas funciones bastante diferentes a las labores asistenciales… ¿Qué fue lo que motivó que decidieras ponerte un EPI?

Lo que me motivó a volver a la enfermería asistencial fue la “llamada de socorro” que desde todas las instituciones sanitarias llegaban; nos enfrentábamos a algo desconocido y faltaban manos para hacer frente a esa amenaza. Realmente no sentí miedo o pensé en lo que podía ocurrir; sólo en que era necesario que todos los que pudiéramos ayudar, lo hiciéramos.

  • ¿Qué comentaron en tu actual trabajo sobre esa situación? ¿Y en tu familia?

Lo primero que hice fue plantearlo en mi trabajo actual, donde entendieron inmediatamente mi motivación y me lo pusieron muy fácil. Creo que en el fondo se sintieron muy orgullosos de poder “compartirme”.

En mi familia no había ninguna duda. Juego con ventaja, ya que mi marido es sanitario de primera línea, por lo que me entendió sin tener que dar muchas explicaciones y para el resto pues ya sabes… Desde marzo, nos convertimos en “héroes” para la sociedad, así que todos estaban orgullosísimos y a la vez, también preocupados por mi salud.

  • ¿Cómo te sentiste esos primeros días tras incorporarte al Hospital?

No he tenido ningún momento de flaqueo de fuerzas, ni en los primeros días ni después de seis meses… Elegí esta profesión por vocación y volver a sentir el contacto con el paciente ha sido la mejor decisión tomada.

  • ¿Qué ha sido lo mejor en estos meses de esfuerzo?

Lo mejor, volver a sentir la adrenalina y el contacto directo con el paciente. Sentir que era útil y me necesitaban; que cada minuto entregado en la planta era devuelto con creces por cada palabra, gesto o mirada de agradecimiento de todos los que lo estaban pasándolo tan mal y mi presencia les reconfortaba.

Se han sentido muy solos; las visitas prohibidas, una enfermedad que literalmente te ahogaba y que asustaba a todos, unas noticias poco esperanzadoras, tratamientos desconocidos, y cifras que helaban sobre muertes diarias…

  • ¿Y lo peor?

Lo peor… Percibir la muerte en soledad. El personal sanitario se suele enfrentar a la muerte casi diariamente, porque forma parte de esta profesión así que, en cierto modo te habitúas y deja de ser tan traumática.

Lo que sí es cierto que nunca habíamos vivido esta situación, en la que gente de todas las edades ingresan muy malitos y se sienten solos, angustiados y con tanto miedo a la muerte que te absorben la energía y no quieren que les dejes ni un minuto.

Eso ha sido lo peor de todo esto: no poder pasar con ellos todo el tiempo que demandaban, y además, sentir que muchas veces el tiempo que estabas a su lado no podías ofrecerles ese calor tan necesario, metidos dentro de un EPI con tu nombre escrito a rotulador, con mascarillas, gafas y pantallas con las que era francamente difícil mirarles a los ojos.

  • Hay muchas críticas a la gestión que han realizado diversas instituciones y gobiernos durante todo este tiempo; ¿piensas que va a cambiar en algo la manera de concebir la asistencia sanitaria a partir de ahora?

¡Ojalá! Hasta que ha ocurrido esto hemos sido poco visibles para la sociedad; tal vez uno de los estamentos más sobrecargados y menospreciados dentro del sector público, trabajando muchas veces prácticamente sin recursos, explotados con “contratos basura” encadenados y sin opciones a mejoras… Soy superpositiva y sé que esto ha ayudado a que se sepa lo necesario que es tener un personal formado, motivado y con ilusión por lo que hace, que se sienta respetado y no maltratado.

  • Según tu visión, como colectivo profesional de enfermería, ¿en qué podemos mejorar?

Siempre se puede mejorar, pero de momento me centraría en ser menos egocéntricos y pensar que en el centro de todo está el paciente… Sé que es difícil, sobre todo cuando hemos sido tan exprimidos y hecho grandes sobreesfuerzos, pero ahora no son tiempos para reivindicar sino para luchar todos unidos y centrarnos en superar esta pandemia.

  • Por último, nos gustaría dejarte libertad para que, en unas líneas, expreses aquello que quieras transmitir a nuestros lectores…

Elegimos esta profesión por vocación; lo llevamos dentro. Hemos estado tan asustados como el resto de la sociedad por miedo a contagiarnos o contagiarlo en nuestras casas… Por la posibilidad de morir; pero a pesar de todo no hemos fallado… Y a mí, tampoco me ha fallado el resto de la sociedad.

Quiero transmitir un mensaje de esperanza y de optimismo. Tantas veces como nos caigamos, nos levantaremos.

Estoy muy orgullosa de ser enfermera y de haber podido aportar mi granito de arena para aliviar el dolor y la angustia de todos aquellas personas que recibieron mis cuidados… Y también me siento muy orgullosa por mis pacientes que me lo han dado todo en estos seis meses sin descanso; ellos si son los verdaderos héroes.

– Desde la redacción, agradecemos a Mónica su profesionalidad, sus palabras y el tiempo que nos ha dedicado; si tú también tienes algo que contar y quieres aportarnos tu línea de visión; contacta con nosotros