Cuando hablamos de gestión enfermera, hemos de asumir que los nuevos perfiles directivos se encuentran ya inmersos de lleno en un entorno digital, donde la profesión enfermera debe tener la capacidad de asumir los constantes flujos de información, la actualización en sus áreas competenciales, así como en las actividades que conforman el nivel óptimo de desempeño de tareas. esto se hace más complejo aún con la irrupción del COVID-19.

En la gestión sanitaria hoy se habla mucho de liderazgo, pero no se alcanza en determinadas ocasiones a articular realmente que supone esa palabra; es de vital importancia redefinir estrategias, pensar de forma ágil y digitalizar las competencias clave, obteniendo de esta manera el máximo valor útil de la ingente cantidad de datos que pueden ser procesados e interpretados, posicionando la actividad de la institución en un ecosistema mucho más amplio, dinámico y basado en la evidencia para la toma de decisiones.

Si en general, en el mundo empresarial se necesitan nuevos perfiles ejecutivos que actúen adecuadamente y en un tiempo récord ante posibles modificaciones en los entornos de trabajo, en el ámbito de la gestión sanitaria no se puede considerar como menor esta necesidad, siendo de vital importancia la estandarización y el reflejo documental de los procesos estratégicos, clave y de soporte, que afectan a cada una de las diferentes áreas de funcionamiento e involucrar de la misma forma con entusiasmo a toda la plantilla.

En el contexto de la calidad total que hoy en día se exige, aun dentro del contexto de la pandemia, son recomendables perfiles humanos innovadores y cercanos, que sepan escuchar a los «clientes», tanto externos (usuarios) como internos (equipos interdisciplinares), dado que de ellos y de la correcta interpretación de la información que desprenden, se suelen obtener las mejores soluciones y líneas de acción para generar nuevos servicios de éxito y adaptar las actividades ya desarrolladas a los nuevos paradigmas actuales.

Importancia de los supervisores de enfermería

La enfermería, no sin gran esfuerzo y tras muchos años de evolución, junto con un refuerzo importante en el plano formativo, ha conseguido demostrar sobradamente que puede gestionar eficientemente los recursos disponibles para cubrir de manera integral las necesidades de los usuarios en nuestra institución.

Sin atender a los perfiles dedicados a la alta gestión, las supervisiones de unidad o puestos intermedios en los organigramas también deben responder en la actualidad a amplios perfiles competenciales como figuras clave en la gestión, liderazgo y buen funcionamiento de los centros sanitarios.

Objetivos de la gestión enfermera; funciones de los mandos intermedios

  • Cumplir los objetivos institucionales, garantizando la comunicación entre los miembros del equipo y la Dirección de Enfermería, estableciendo vínculos funcionales y eficaces. (Alinear misión, visión, valores y objetivos a la práctica diaria).
  • Optimizar la calidad de los cuidados en nuestra área de trabajo.
  • Gestionar incidencias, organizar y coordinar al personal adscrito al área competencial, promoviendo una actitud de consenso-armonía para lograr un clima laboral proactivo y dinámico. Procurar la salud física y psicológica, la seguridad y la motivación adecuada de los trabajadores.
  • Evaluar el funcionamiento y la actividad asistencial, dentro del ciclo de mejora continua. Detectar problemas y ofrecer soluciones.
  • Garantizar la seguridad y continuidad de cuidados de los pacientes y usuarios, aumentando la satisfacción percibida.
  • Mantener debidamente actualizados los conocimientos y aptitudes para el correcto ejercicio de la profesión sanitaria y transferir dicho valor a otros actores, aumentando el capital humano institucional, siendo un referente de buena praxis.
  • Fomentar la toma de decisiones basadas en la evidencia y colaborar en el desarrollo de un óptimo nivel científico-técnico en nuestra institución y de la profesión.
  • Dispensar un trato respetuoso al medio ambiente y un correcto proceso en la gestión inversa de los residuos.
  • Mejorar los procesos logísticos y la amortización de recursos materiales adscritos al área competencial.
  • Recopilar y procesar datos que aumenten nuestro valor institucional y repercutan en el bienestar social, a través de nuestras acciones de mejora.

Retos actuales de la gestión para los mandos intermedios

Por tanto, el reto principal es el de dotar de sentido al trabajo de los demás, y que el resto de los compañeros hagan los mismo en sus diferentes roles, preocupándose, además, por cómo de bien desarrollan su respectivo trabajo.

Como consecuencia, al actuar movidos por el bien que harán a terceras personas, es más fácil lograr cohesión y unidad entre los diferentes miembros del grupo, departamento u organización todo lo cual puede llevar a un mayor número de comportamientos cooperativos y mejorar el rendimiento de la relación líder-seguidor.

Además, tomando en consideración que es este elemento trascendente sobre el que gira la figura del buen líder, podemos concluir que se actúa usando los poderes de los que dispone en beneficio de todos, haciendo muy difícil que los mismos puedan ser usados con fines pura y únicamente egoístas (Pérez-López).

Resulta imprescindible, atendiendo a elementos tan importantes como los niveles de evidencia científica que sustentan la adopción de medidas en la gestión y la movilización de los recursos, tanto humanos como materiales, el realizar de facto un correcto aprovechamiento del talento humano de los gestores para generar valor implícito en la institución.

De esta manera se asegura una atención excelente y a su vez, aumenta la confianza en términos generales de liderazgo, estableciendo una comunicación bidireccional entre la alta dirección y todo el personal a su cargo.

Hoy en día una correcta gestión ya no se basa solo en manejar determinadas herramientas, estrategias y procesos. Es importante la gestión de emociones y riesgos, la humanización de los cuidados y que estos sean de calidad y la adaptación a los cambios rápidos que se van produciendo en la sociedad y a su vez repercuten directamente en el ámbito sanitario.

Por otro lado, resulta evidente la utilidad de conocer y consensuar niveles de logro mínimo exigido en la evaluación por objetivos, así como un tratamiento adecuado y ordenado de toda la información que se desprende de la práctica asistencial actual, para justificar un buen desempeño del cargo se supervisión, repercutiendo positivamente en todos los niveles de la gestión institucional y sanitaria.

Gestión de la pandemia; un nuevo y cambiante escenario

La situación actual en la práctica totalidad de sistemas sanitarios del mundo, ocasionada por el COVID-19 genera una obligación a todos los responsables de la gestión sanitaria que conlleva diseñar y modificar continuamente una respuesta preventiva y asistencial adecuada y de una enorme magnitud.

Es importante reseñar que no existe precedente de una situación con los enormes impactos sociales y económicos como los que la gestión del COVID-19 está suponiendo actualmente. Para afrontar esta nueva situación es de vital importancia manejar adecuadamente la incertidumbre causada por este nuevo microorganismo del que se desconocen aún muchas de las características clínicas, inmunitarias y epidemiológicas.

Esto implica valorar exhaustivamente la evidencia disponible para evitar que generemos una excesiva movilización de recursos sanitarios, pero a su vez también, debemos evitar que las respuestas sean insuficientes y que ello condiciones daños evitables en la salud, en la vida social y en la economía.

Todo ello debe ser procesado a una velocidad de vértigo, ya que cada día se incorporan al cuerpo de conocimiento nuevos estudios que aportan datos que hay que saber interpretar y aplicar a las diferentes realidades en las que trabajamos.

La mejor forma de acercarse al punto de equilibrio es implementar medidas que cumplan, al menos, con 5 premisas:

  • Basar las decisiones y la gestión de los recursos materiales en criterios que se sustenten en las evidencias científicas (que pueden cambiar a medida que se conocen más aspectos del nuevo coronavirus).
  • Articular medidas que tengan el respaldo de las organizaciones profesionales y científicas y los organismos internacionales (OMS, ECDC, EMA, etc.).
  • Analizar nuestra situación particular, la presión asistencial y las posibilidades de llevar a cabo acciones con el consenso de todos los actores implicados, con los medios humanos de los que disponemos y siempre pensando en el bien de los pacientes.
  • Contar con el respaldo de las directrices dadas por las autoridades sanitarias internacionales, nacionales y autonómicas/regionales.
  • Asegurar una transparencia absoluta en la comunicación de la información sobre la situación y los procedimientos, para que nadie en ningún momento dude de por qué y cómo debe actuar.

Por último, es necesario reevaluar de manera continua cada medida y establecer áreas de mejora en relación con las decisiones adoptadas y las nuevas evidencias que se vayan generando.