Desde el inicio de la pandemia el mundo ha debido irse adaptando rápidamente a la situación. En estos nuevos planteamientos cobran extremada importancia dos estrategias; la primera se enfoca a desarrollar nuevas pruebas diagnósticas fiables y baratas, así como más tratamientos efectivos contra el virus. La segunda, apuesta por localizar y hacer seguimiento de los contactos estrechos de personas infectadas, garantizando la trazabilidad de todos los contagios, para cortar así las vías de transmisión comunitaria.

La solución tecnológica; una vía parcial

Muchos intentos se han centrado en ofrecer aplicaciones para ejercer ese rastreo. Podemos encontrar la alemana Corona Warm, Italia ha llevado proyectos piloto. En Singapur, que fue pionero en este tipo de herramientas, este tipo de aplicaciones han funcionado razonablemente bien.

Reino Unido, que en un primer momento decidió crear un desarrollo propio y lo probó en la Isla de Wight, ha tenido que parar su proyecto y reconsiderar la iniciativa tecnológica, al igual que Noruega, que hace tiempo anunció que abandona el proyecto de recopilación de datos a través de la «app» de rastreo llamada Smittestopp.

En España Radar COVID es la aplicación diseñada y dirigida por la Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial del Gobierno de España que cumple estas funciones.

La realidad es que se han detectado numerosos problemas y polémicas en torno a la privacidad de los datos personales. La ONG Human Rights Watch publicó un informe en el que explicaba cuáles son estos riesgos. Entre ellos, se encuentra que el uso de este tipo de aplicaciones deberá de ser voluntario, como ha indicado la UE.

Además, todos los indicios, tal como señala un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Oxford, este tipo de aplicaciones únicamente serían efectivas si las usa más de la mitad de la población y si se combinan con medidas como el distanciamiento social.

La figura humana; el rastreador COVID

La alternativa viene dada por la unión de tecnología y el factor humano; en China surge la figura del rastreador, que tiene la función de compilar toda la información sobre los movimientos realizados en los últimos días por una persona que ha sido diagnosticada con Covid-19: qué lugares ha frecuentado, con quién ha estado y con qué personas mantiene contactos más estrechos. La finalidad es cortar la cadena de transmisión del virus, evitando que siga infectando a más gente.

Una vez dispone de toda esta información, debe contactar, normalmente mediante llamada telefónica, con los lugares y cada una de esas personas bajo riesgo, comunicando que han estado en contacto estrecho con una persona positiva en coronavirus, facilitando información inicial, directrices y realizando un seguimiento posterior.

Por tanto, el rol del rastreador se muestra como clave en el actual escenario de pandemia, convirtiéndose en un referente para todas las personas implicadas durante los siguientes días al contacto y siendo pieza fundamenta en el control del virus, y ya se están empezando a generar documentos de apoyo, como la Guía “Gestors COVID a l’atenció primaria” de la Consejería de Salud Catalana o el referente “Estrategia de Detección Precoz, Vigilancia y Control de Covid-19”, editado por el Ministerio de Sanidad (Gobierno de España).

En España, según anuncian múltiples instituciones y tal y como refleja un estudio llevado a cabo por el Diario EL PAÍS donde se afirma que los servicios de salud autonómicos cuentan con 3.533 rastreadores, estiman la necesidad en torno a 5.000 rastreadores más (uno por cada 5.500 habitantes), según un cálculo de Álex Arenas, investigador de la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona. Aún así cabe destacar que no existe un registro oficial del número de rastreadores en España ni una evaluación real de su nivel desempeño actual.

En el Continente Americano, donde aún siguen centrados en doblegar la curva, según vayan consolidando su estabilidad se estima que la necesidad de rastreadores va a ser aún mayor que en los países europeos y la dificultad para encontrarlos, más acusada si cabe.

Futuro inmediato en los planteamientos de la trazabilidad del COVID

La escasez de rastreadores sanitarios profesionales es un hecho contrastado dentro de la actual pandemia; se alega que deben atender primero otras funciones estratégicas y asistir directamente a la población. Tradicionalmente, esta labor ha sido llevada a cabo por epidemiólogos y por los equipos de salud comunitaria, en donde cobra un especial papel la enfermería.

La polémica se centra ahora en si es conveniente que cualquier persona pueda realizar las mismas funciones que realiza alguien que ya dispone de conocimientos y formación específica.

Lo lógico apunta que al menos es necesario dotar de herramientas que permitan formar adecuadamente a personal no sanitario de una manera rápida, sujeta a unas mínimas garantías de atención, calidad y resultados, dada la importancia estratégica de su rol de desempeño. Por lo tanto, desde el punto de vista de la salud, nos encontramos ante un desafío para todo el mundo y en particular, para aquellos países que adolecen de sistema sanitario fuerte, ya que, se deberán promover cambios flexibles y continuos que ayuden a la estabilización social, sanitaria, política, económica.

Todo indica por ahora que los rastreadores han llegado a nuestros sistemas sanitarios para quedarse.